
CONTANDO HISTORIAS
Me interesa la propia condición de las historias, su transmisión y de su escritura como ejemplo de nuestra propia actividad social. La escritura o grafía del lenguaje nace como inscripción petrificada del propio idioma, y por ende de las historias que una vez quedan escritas aspiran a ser eternas. La transmisión oral resulta volátil, casi efímera por lo que es necesario escribir con el ánimo de que la historia permanezca intacta, pero sin embargo la escritura, la grafía con la que se visualiza un idioma, también se reescribe a sí misma y cambia, todo es cuestión de tiempo, de aplicar esa escala del ahora a un instante o a un milenio. El ahora es como un coche por la autopista, siempre indeterminado, en movimiento para el observador externo e inmóvil para el observador interno que solo ve moverse el paisaje.Las historias de arte al igual que ocurre en las historias sociales, se realimenta de transmisiones y escrituras superpuestas unas a otras, de cuentos contados una y otra vez sobre aquella obra o sobre aquel autor, de críticas realizadas sobre críticas anteriores; y a pesar de ello cada obra tiene la capacidad de presentarse ante nosotros con una vida propia independiente del contexto, como la reaparición del individuo en una masa social o la consciencia del ahora. Decir arte, tal y como dijera Joseph Cosuth, es decir algo impersonal es como nombrar "Llueve" pero yo añadiría que es como nombrar "llueve sobre mojado", ya que esta se refiere a la condición misma de la creación artística contemporánea, basada en la idea de un proceso artístico que partiendo de toda una lluvia de obras de arte anteriores en el tiempo se convierten así mismo en otro referente para posteriores creaciones; cada una de las creaciones renueva un contrato entre el museo imaginario (André Malreaux) que llevamos en nuestra mente-recuerdo y la lectura de lo que ahora veo y oigo, inevitablemente entrará a su vez a formar parte de él. De igual modo todo aquello que se escribe o habla sobre las creaciones artísticas constituye un nuevo texto que se superpone al del creador original creando así una corriente interpretativa en cascada.
En el contexto del arte contemporáneo muchas de las obras que se exponen solo "viven" durante el tiempo reservado para la exposición, son un poco como el protagonista de la novela Niebla de Unamuno o los replicantes de la película Blade Runner, lamentándose por su final prefijado ... "y todas estas experiencias desaparecen ahora como lágrimas bajo la lluvia". La experiencia efímera ha sido uno de los temas preferentes en el arte desde el desarrollo de las acciones y performances en los años 1960, pero actualmente han adoptado una perspectiva diferente. Lo que en aquellos años parecía más efímero, un trazo en la nieve, una herida en la mano, un dialogo con un conejo muerto o un chorro de agua lanzado por la boca han sido petrificados en los documentos fotográficos y videográficos que han perdurado hasta nuestros días, y que ahora se comercializan. Los artistas actuales conscientes de la importancia del acto artístico en sí mismo, han invertido el proceso de mediatización, lo que en los años sesenta era un público selecto en una galería de arte ha sido sustituido por una cámara de vídeo, y es ese documento lo que verá el público por primera vez, al fin y al cabo ésta es la manera que tenemos de conocer la mayoría de obras de arte, a partir de fotos de catálogos y textos explicativos que valoran tal o cual acción. Los documentos escritos y las fotos como prueba, han ido sustituyendo al hecho artístico contribuyendo a la mistificación de algunos autores y obras, son argumentos y juicios sin pruebas materiales, sin el corpus presencial, todo a través de referencias tal y como sucede con las historias sagradas.
Pienso que es hora de establecer una nueva relación entre la experiencia estética y todos los hechos y reflexiones que emanan de esa experiencia. En una época no tan remota el arte era parte de la experiencia Religiosa de la que surgía y a la que servía, hoy conocemos que estas dos experiencias, la religiosa y la estética, físicamente tienen el mismo origen neuronal (una reacción sincrónica de impulsos en la zona....). Esta reacción es valida tanto para el creadores como para los observadores, por lo que cuanto más ansiedad este en juego mayor puede ser esa experiencia "emocional". El arte contemporáneo no ha podido cortar con la idea romántica que proporciona la experiencia artística, ya que este le proporciona la base de su existencia, una vez llenos todos los museos de ese tipo de arte, la autorefencialidad ha sido una de las únicas salidas inteligentes al problema suscitado.En el campo antropológico y cultural esta reescritura se muestra como un combate cotidiano; la búsqueda de una identidad diferenciada en el colectivo, significa reinventarnos constantemente en un esfuerzo que se tambalea entre el discurso del Yo y el de los Otros. Las historias personales y las colectivas van tejiendo inconscientemente estados de consenso narrativo, a fuerza de contarnos el mismo cuento nos lo acabamos creyendo. La antropóloga Begoña Aretzaga señala a este respecto que muchas veces las opiniones colectivas obedecen a un mito preestablecido por el propio colectivo; para defenderse de posibles agresiones se inventan una imaginaria como aquel del hombre del saco o sacamantecas que les contaban a nuestros padres pretelevisivos. Begoña basó su estudio en la supuesta mala fama de lugar inseguro que pesaba sobre un barrio de Colombia, tras numerosas entrevistas descubrió que las personas que hablaban de la inseguridad que se palpaba en aquel lugar no habían experimentado nunca ningún tipo de violencia, crimen o robo; pero en cambio todos tenían referencias lejanas de alguien al que si le había ocurrido algo.De igual modo, podemos preguntarnos en el campo del arte, si los consensos críticos sobre si una obra se considera excelente, mala, está de moda o si está caduca, se realiza realimentando mitos a base de contar una y otra vez el mismo cuento. Ésta es al fin y al cabo la forma adoptada por nuestra cultura a la hora abordar toda la transmisión de su historia.

1 Comments:
Abundando, me parece, en las mismas ideas. El arte, que está hecho de signos, acosa al lenguaje, que son signos simbólicos en el seno de estructuras de sentido y de valor. Algunos de los frutos de este acoso se incorporan al lenguaje, a través de la crítica, la historiografía del arte y, finalmente, la educación general básica. Una vez constituido como lenguaje (sometido el trabajo del artista al acoso del lenguaje), aumenta el volumen del lenguaje, es decir, aumenta el volumen de lo que debe ser acosado por el arte.
La teoría de la postmodernidad sugiere la existencia de un volumen crítico de lenguaje a partir del cual este modelo entra en crisis.
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